
Cuando Roberto Roque se embarcó por primera vez a Europa, en 1971, con un equipaje cargado de interrogantes, no podía imaginar seguramente a qué playas le conduciría su inquieto espíritu creativo. Igual que a tantos otros artistas plásticos del pasado y presente, un deseo íntimo de encontrarse así mismo lo impulsaba a transitar por las rutas originales del arte occidental. Luego de un fugaz encuentro en París con Siqueiros, una de sus primeras y más consistentes influencias. Roque radicó varios años en el norte de Italia, en donde la diversidad e intensidad de sus vivencias, comenzarón a transformarse en arte visual figurativo de calidad indiscutible, exponiendo en sucesivas ocasiones en foros de la península, individual y colectivamente, e incluso en la propia Unión Soviética. Varias técnicas y materiales ensayó por ese tiempo: gota con acrílico, dibujo a tinta, aguafuerte, acrílico sobre madera, pintura mural.
En esta etapa comienza también a trabajar en forma
polícroma la piedra, en su estado natural, campo poco utilizado
en el arte moderno, si bien con sólidas reminiscencias, no sólo
del arte prehistórico, sino también el prehispánico,
y aún, el medieval.
Nace así con Roque la nueva corriente: "El Roquismo".
Años más tarde, en los ochenta, habría de culminar
esta tendencia en México, con el monolíto pictografiado,
con sesenta y siete toneladas de peso y seis metros de altura, que
se encuentra ubicado en los jardines de la ENEP Acatlán, escuela
de la Universidad Nacional Autónoma de México. .
Varias experiencias confluyen para definir la personalidad
de este artista, que prefirió para su preparación, la universidad
de Gorki
- la vida misma - al rigor, muchas veces sofocante,
de la academia, la Bribriesca, por ejemplo, de sus primeros años:
el trabajo con el fotógrafo Enrique Bostelman: el encuentro sorpresivo
con Siqueiros y el expresionismo, Munch particularmente; la labor, primero
en México y luego en Italia, en hospitales psiquiátricos,
en donde enseña artes figurativas a los enfermos mentales y observa,
mide, experimenta, como el Greco manierista solía hacerlo en el
manicomio de Toledo. Del expresionismo al surrealismo. De la modernidad
a la posmodernidad. Asimilación de una realidad social que irrumpe
con violencia en el México del 68 y continúa en el combativo
movimiento obrero y cultural italiano; desdoblamiento de esa misma realidad
en el mundo misterioso de los sueños. A su regreso a la patria,
a fines de los setenta Roque profundiza su trabajo con las piedras, pero
sin dejar el caballete y las técnicas mixtas: acrílico sobre
madera, cartón, arena, suajes sobre cartón. Surgen así
en los ochenta "Aquelarre", de dramática expresión, y en
contraste, los lienzos de suave aliento erótico: "Vestidor", "Lo
que nos pasó"; "Péndulo", entre otros. Notable es también
en esta línea la serie de serigrafías titulada "Relaciones".
La producción inicial de los noventa establece un puente interesante entre temática y material: intimista, sensual, el eterno femenino cobra vida en el sillón con tonos posmodernos: rojos, verdes, morados, piel tersa y sonrosada.
La mas reciente obra de Roberto Roque pasma por la audacia de su concepción y su renovado signo experimental: contrastantánte en técnica y material, pero semejante en su temática, brinca del dibujo a tinta sobre papel a la cantera de forma y dimensiones regulares, que el artista labra y pinta. La obsesión de la piedra y la mujer. Cinco modelos diferentes nos revelan en los finos trazos del detalle seductor de sus formas: el tobillo, la pierna que se extiende perezosa, la languidez del vientre, la muñeca, el antebrazo, la redondez convexa de un seno, una prenda de vestir desenfadada, los rasgos reflexivos de un bello rostro, una mirada y, más allá, el enigma de la vida misma, desnudos sugerentes, todos ellos en una serie que muestra a no dudar el talento, el oficio de este artista, que arriba a su madurez creativa comprometido con su tiempo, con su realidad y con el mensaje universal del arte.
Carlos Véjar Pérez - Rubio Diciembre
1994.